Victoria está enferma, o al menos eso es lo que
todo el mundo dice. Sufre de Anorexia desde los trece años, pero lo cierto es
que hay otras cosas que le duelen tanto, o más, que llevarse otro puñado de muchas calorías a la boca.
Se siente incomprendida, presionada, y hasta poco
querida por sus familiares y su novio Marcos. Cuando éste le pide “separarse
por un tiempo” y se marcha a Irlanda, el dolor de Victoria se hace
insoportable. La única salida parece reposar en la navaja que descansa sobre el
lavamanos del baño de un bar de mala muerte.
Allí es donde la encuentra Kenji, inconsciente,
bañada en su propia sangre. Ciertamente no es el comienzo que ninguno de los
dos esperaba, pero su relación puede ser el placebo que ambos necesitan para
aliviar el dolor de sus heridas. Esas que, aunque no lo parezca, tienen mucho en común.
“A veces es
extraño que fuera, en la calle, brille el sol, cuando tú en tu casa sientes que
todo lo que te rodea es gris; que haga un frío de mil demonios y, por mucho que
te abrigues no consigas alejarlo de ti; que la gente siga preguntándote cómo te
encuentras, aunque la respuesta sea obvia. A veces, la vida en sí es extraña y
no eres capaz de averiguar qué haces tú en ella. Alguien debería pedirnos
permiso antes de arrojarnos, como un paquete demasiado pesado, a este mundo.”
Es probable (como también no lo es) que ustedes,
como seguidores de mi blog, estén al tanto de que, en realidad, este no es mi
tipo de libro. Dos o tres experiencias anteriores me sirvieron para confirmarlo,
y cuando la gente de Granica se contactó conmigo para preguntarme qué libros
deseaba que me enviaran, encarecidamente les pedí que evitaran enviarme Corazón
de Mariposa, porque estaba segura que no iba a gustarme y no quería hacerles
una mala reseña por una razón puramente personal.
Después, por circunstancias de la vida, este libro
terminó en mis manos, y la frase “Hay libros que uno no elige, sino que esos
libros lo eligen a uno” cobró completamente un nuevo sentido. Pero eso no fue todo lo que
cobró otro sentido mientras leía esta historia.
Muchas veces antes leí a blogueros y escuché a
booktubers decir que existe una sensación extrañamente maravillosa cuando un
libro te saca de tu zona de confort. Todas esas veces yo pensaba: “Estos están
locos. ¿Cómo te vas a sentir de esa manera leyendo algo con lo que no te sentís
cómodo. He probado mil veces leyendo cosas que no me gustan, y no hay vuelta
que darle, no me gustan.” Leyendo Corazón de Mariposa comprendí que esos libros
que no me habían gustado, no sólo no me gustaron por el tema que trataban, sino
que además no me había gustado la forma en la que ese tema se trataba.
No quiero que se me malinterprete. No es que tenga un
problema específico con los temas que aborda esta novela, simplemente me pasa
que todas las veces que leo algo como esto, me resulta muy difícil conectar con
los personajes. No voy a mentirles y decirles que lo mío con Victoria fue una
conexión instantánea, pero Andrea Tomé logró algo que ninguna otra autora de
este tipo de libros había logrado.
“Somos un
par de trenes en marcha que todavía no han aprendido a frenar.”
Fue impresionante, y sorprendente, cuánto me gustó
la forma en la que la historia de Corazón de Mariposa está escrita. Es cruda,
perturbadora, y real. A medida que avanzaba en la lectura me era cada vez más
imposible ignorar el hecho de que, como usualmente me pasa con otros géneros,
era capaz de superar mis diferencias con la protagonista y captar la esencia de
lo que la autora intentaba transmitir con sus palabras.
Estoy casi convencida de que el punto de inflexión
se encontró en el hecho de que Andrea Tomé escribió esta novela desde la
experiencia. Y lo noté aún antes de leer su biografía. Nadie que no sepa
exactamente lo que se siente estar pasando por la situación de su protagonista
es capaz de escribir de la forma que escribe esta mujer. Es algo que no se
puede pasar por alto, te encuentres o no cómodo con lo que estás leyendo.
Cuando fui a ponerle mis estrellitas en Goodreads
(cantidad que también fue una sorpresa), encontré comentarios que, si bien elogiaban
la forma en la que la enfermedad está tratada, no estaban muy de acuerdo con el
romance y con el final de la historia. Cualquiera pensaría que yo iba a estar
de acuerdo con estos comentarios acerca del romance, ya que éste en realidad es casi nulo, y yo
soy de las que se muere por un romance épico, de esos que te hacen suspirar. Pero la verdad es que para mí el romance, como todas las demás cosas en este libro,
está muy bien tratado. Tiene la medida justa, y razones de fondo que sólo se
comprenden si buscamos más allá de las letras. Lo mismo pasa con el final. Creo
que quienes se quejan de la forma en que termina, se quedaron con la parte superficial. Para mí, la clave está en las palabras tachadas (cuando lo lean, o
si ya lo leyeron, me entenderán), y esa ciertamente fue una de las cosas que más me gustó del
libro. Que nunca, ni siquiera con un final con disfraz de feliz, deja de ser
real.
“Me fijo en
que las estrellas, al igual que las personas, sienten esa imperiosa necesidad
de juntarse las unas con las otras. Forman cúmulos imperfectos, recorren el
firmamento en galaxias gigantescas. Porque tienen miedo a estar solas.”
Así que sí, si disfrutan de estas historias
crudamente reales, o si no lo hacen y quieren experimentar “la magia de salir
de la zona de confort”, les recomiendo este libro cortito, pero con mucho
significado, que se lee rápido, y que nos deja pensando que muchas veces
nosotros también tenemos Corazón de Mariposa.
Yo le doy 4 plumitas.