Laura es una chica española cuya vida no está yendo
como a ella le gustaría. Sus padres divorciados la usan como escudo, la carrera
que está estudiando no le gusta, y su ex novio, quien nunca la trató como
debería, no la deja en paz. Su única opción es escapar.
Sentada en un aeropuerto, se debate acerca de su
destino. Pensar en el romanticismo de París, los canales de Venecia y los tés a
las cinco en punto de Londres, no la ayudan a decidirse. Pero entonces, una
familia procedente de Reikiavik se cruza en su camino, y sin pensarlo dos
veces, Laura aborda el siguiente vuelo a Islandia.
En la isla no sólo la esperan paisajes hermosos, accidentes
geográficos, agua con olor a azufre, y mucho pero mucho frío. Islandia está
llena de secretos, y lo que Laura está a punto de descubrir, de la mano de dos
nativos tan diferentes como el día y la noche, le cambiará la vida para
siempre.
"Yo también tenía derecho a elegir, y a luchar, aunque no lo hubiera hecho nunca. Aquel era un momento tan bueno como cualquier otro para comenzar a hacerlo."
Si tuviera que describir este libro con una sola
palabra sería, sin duda, “sorpresa”. Como muchas veces suelo hacer, empecé esta
historia sin saber absolutamente nada sobre ella. Por el título, intuía que
Islandia tenía algo que ver, y eso sólo ya era suficiente para que me llamara
la atención. Significaba que había un viaje de por medio (los que ya
llevan tiempo en el blog sabrán que amo
los libros con viajes), y además a un destino sobre el que nunca antes había leído.
Lo impactante fue que, a pesar de que durante las
primeras páginas me pareció bastante predecible para un libro de viajes (no que
no me gustara, siempre caigo por esas historias, pero no era nada que ya no
hubiera pasado en otros libros con esta temática), a medida que avanzaba en la
lectura todo lo que pensé que ya tenía resuelto comenzó a desmoronarse.
De a poquito, primero con pequeños cambios de
rumbo, y luego con enormes plot twists, la autora logró que su libro pasara de
ser el típico romance contemporáneo (cosa que tampoco era tan así), a una de
las historias más originales y entrañables que he tenido el placer de leer. Fue
como si Laia se estuviera riendo de mí todo el tiempo. “¡Ah! ¿Pensabas que
Laura no iba a volver a bañarse en toda su estancia en la isla, porque el agua
tiene olor a azufre? Ja, ja. Pensá otra vez.” (Ejemplo completamente tonto, e
inventado para evitar dar spoilers).
"Una palabra no es suficiente para conseguir entender a alguien. Es como mirar el mar: desde la playa sólo puedes ver su superficie, y con eso todo cuanto puedes saber es si está en calma o agitado. Todo lo que pasa debajo del agua sigue siendo un misterio."
Realmente es una historia emocionante. La pluma de
la autora es de lo más sencilla y atrayente —por lo que se lee súper rápido—, y
los personajes se hacen querer hasta Islandia ida y vuelta. Si no me creen les
voy a contar una pequeña anécdota:
*Comienzo de la (no tan) breve historia
sobre mi experiencia con el libro, que seguramente a nadie le importa* Como tenía que irme de vacaciones con mi familia los primeros días de enero, había
organizado mis lecturas y el tiempo que tenía para leerlas antes de irme,
considerando que me es imposible leer cuando me voy de viaje por pocos días. Contra
todos esos planes, terminé Electro antes de lo previsto, lo que me dejaba todo
un día libre sin leer. Como pensaba llevarme Heima es Hogar en Islandés y
Champion (a pesar de saber que no iba a poder leer ni dos capítulos completos)
pensé: “¿Por qué no empiezo uno hoy, así avanzo en la lectura, y si al final
resulta que no puedo leer nada, al menos no perdí el tiempo del todo?” Lo que
finalmente terminó sucediendo fue que me pasé toda esa tarde y esa noche
leyendo Heima, y cuando mi familia comenzó a levantarse para irnos, a mí me
quedaban 80 páginas para terminar el libro. ¿Mi decisión? Me había encariñado
tanto pero tanto con la historia y con los personajes, que sinceramente no
quería quedarme con la sensación de que había durado demasiado poco en mis
manos si lo terminaba durante el viaje (cosa que estaba destinada a suceder,
porque no podía quedarme con la intriga de lo que pasaba). Plus, estaba cien por
ciento segura de que iba a llorar con el final, y no quería hacer papelones delante
de mi familia. Así que, en un extremo acto de voluntad, decidí dejar el libro
en casa para terminar con esas 80 páginas cuando volviera (lo sé, suicidio
lector), y llevarme sólo Champion (el cual, adivinaron, no pude siquiera tocar
durante las vacaciones). *fin de la (no
tan) breve historia sobre mi experiencia con el libro, que seguramente a nadie
le importa*
"El mundo sería un lugar mucho mejor si dejáramos de atarnos tanto a la lógica y nos permitiéramos creer un poco más en lo que no vemos. Quizás el mundo nos esconde sus maravillas simplemente porque no creemos en él."
Además de la muy buena escritura de Laia, el libro está excelentemente bien documentado. No investigué, pero por lo que puede
apreciarse, estoy casi segura de que la autora realizó ella misma el viaje de
Laura. La edición hasta tiene fotos de los lugares que menciona, que eso es
otra cosa que me encantó.
Se los digo en serio. Nada de lo que parece esta novela es realmente lo que es. Por eso,
acá va un pequeño consejo: Si al leer la sinopsis, o más aún, si al leer la
primera mitad del libro, les parece que no están leyendo nada nuevo, hagan un
pequeño esfuercito y denle una oportunidad más. Merece totalmente la pena.
"En esos tres días había aprendido la primera lección de aquel viaje: las apariencias engañan."
Para mí, se ganó 5 plumitas, todas las estrellas del Universo, y una aurora boreal.